SAN JUAN DE DIOS, fundador Hermanos Hospitalarios

SAN JUAN DE DIOS, fundadorHermanos Hospitalarios

Nació en Portugal en 1495 y muere en Granada, España en 1550, a los 55 años de edad. De familia pobre pero muy piadosa. Su madre muere cuando él era joven. Su padre murió como religioso en un convento.
En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones pero lo rechazó. Estuvo de soldado, la vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido. La Santísima Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues una vez lo pusieron en la guardia, a cuidar un gran depósito de armas y por no haber estado alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel dispuso mandarlo ahorcar, pero Juan se encomendó a la Madre de Dios y logró que le perdonaran la vida y dejó la milicia.
Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio a un niño muy pobre y necesitado y se ofreció a ayudarlo; aquel "pobrecito" era la representación de Jesús niño, el cual le dijo: "Granada será tu cruz" y desapareció. 
Era vendedor ambulante de libros religiosos. Un día llegó a Granada el famoso P. Luis de Avila, Juan asistió a uno de sus sermones y en pleno sermón, cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado, nuestro santo se arrodilló y empezó a gritar: "Misericordia, Señor, que soy un pecador" y salió por las calles pidiendo perdón a Dios, la gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo a pedradas y golpes y terminó en el manicomio. 
Aquella experiencia en el manicomio, que era un verdadero infierno, porque para calmar a los locos le daban fuertes palizas, fue providencial porque se dio cuenta del gran error que es pretender curar las enfermedades mentales con métodos de tortura y, cuando quedó libre fundó un hospital. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes.
El señor obispo, admirado por la gran obra de caridad que Juan estaba haciendo añadió dos palabras a su nombre de pila y empezó a llamarlo "Juan de Dios". Es patrono de los que trabajan en los hospitales y de los que propagan libros religiosos. Con la siguiente frase animaba a la gente a la generosidad, por las calles de la ciudad y a esa voz, todos respondían solícitamente:
"Haced el bien para vuestro bien"
Tomado de EWTN

0 comentarios: