SAN JUAN BOSCO presbítero y fundador
Nace cerca de Turin el año 1816, era el hijo menor de campesinos. Su padre murió cuando tenía apenas dos años y medio, su madre Margarita, analfabeta y muy pobre que tuvo que luchar mucho para sacar adelante a sus hijos.
A los nueve años de edad, tuvo su primer sueño, se vio rodeado de una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí y blasfemaban. Juan Bosco trató de hacer la paz, primero con exhortaciones y después con los puños. Súbitamente apareció nuestra Señora, le dijo: "No, no, tienes que ganártelos con la mansedumbre y el amor".... Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas". Cuando nuestra Señora pronunció estas palabras, los niños se convirtieron, primero en bestias feroces y luego en ovejas. Desde aquel momento Juan Bosco comprendió que su vocación era ayudar a los niños pobres y, empezó inmediatamente a enseñar el catecismo y a llevar a la Iglesia a los chicos de su pueblo.
Para ganárselos acostumbraba ejecutar ante ellos toda clase de acrobacia, en las que llegó a ser muy ducho. Un domingo por la mañana, un acróbata ambulante dio una función pública y los niños no fueron a la Iglesia. Juan Bosco desafió al acróbata, en su propio terreno, obtuvo el triunfo y se dirigió victoriosamente con los chicos a la misa.
Durante las semanas que vivió con una tía que prestaba servicio en casa de un sacerdote, aprendió a leer. Tenía un gran deseo de ser sacerdote pero hubo de vencer numerosas dificultades, antes de poder empezar sus estudios. A los 16 años ingresó finalmente en el seminario, y era tan pobre, que debía mendigar para reunir el dinero y la ropa indispensable. El alcalde del pueblo le regaló el sombrero, el párroco la chaqueta, uno de los parroquianos el abrigo y otro un par de zapatos.
Después de haber recibido el diaconado, pasó al seminario mayor de Turin y ahí empezó, con la aprobación de sus superiores a reunir, los domingos a un grupo de chiquillos y mozuelos abandonados de la ciudad.
San José Cafasso, sacerdote de la parroquia anexa al seminario, confirmó a Juan Bosco en su vocación, explicándole que Dios no quería que fuese a las misiones extranjeras. "Desempaca tus bártulos -le dijo- y prosigue tu trabajo con los chicos abandonados. Eso y no otra cosa es lo que Dios quiere de tí"



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