SANTA NARCISA DE JESÚS, virgenMemoria
Nació en 1832 en la hacienda San José de Nobol, Daule, Ecuador. Cuando contaba seis años. falleció su madre. Con la ayuda de una maestra particular y de su hermana mayor se instruyó en las primeras letras. Poseía grandes cualidades, con predisposición especial para la música. Con frecuencia su plegaria se hacia canción. Tuvo una clara percepción de si llamado a la santidad, a partir del sacramento de la confirmación. Adquirió la costumbre de retirarse con frecuencia a un bosquecillo cercano a la casa para entregarse a la contemplación.
En Enero de 1852 falleció su buen padre. Narcisa que contaba 19 años de edad pasó a Guayaquil, y se hospedó con una familia muy conocida que habitaba junto a la catedral. Fue dócil a las directrises de sus guías espirituales.
Impulsada por un anhelo de mayor perfección y aconsejada por un religioso franciscano, se embarcó en Junio de 1869 para Lima, Perú, y vivió como seglar interna en el convento dominicano del Patrocinio. El Señor le favorecía con dones extraordinarios y le mostraba cuán aceptada le era su vida.
A fines de Septiembre de 1869 se le presentaron unas fiebres, poco pudieron hacer los remedios médicos. Al finalizar la jornada del día se despidió de las hermanas porque iba a realizar un viaje muy largo, todas lo tomaron a broma. Pero al poco rato, una de ellas, la encargada de bendecir las habitaciones, advirtió un resplandor y una fragancia especial en la suya. Acudió la comunidad y comprobaron que había muerto, contaba con 37 años de edad.
En su cadáver se advirtieron, durante largo tiempo, signos de flexibilidad y fragancia y ante él se obraron múltiples gracias. Lima la aclamó como santa y lo mismo lo hicieron las gentes de Guayaquil y Nobol. Las hermanas del Patrocinio guardaron memoria de sus virtudes y custodiaron con suma veneración el sepulcro, hasta que su cuerpo, prácticamente incorrupto, se trasladó a Guayaquil en 1955.
Tomado del Vaticano
En Enero de 1852 falleció su buen padre. Narcisa que contaba 19 años de edad pasó a Guayaquil, y se hospedó con una familia muy conocida que habitaba junto a la catedral. Fue dócil a las directrises de sus guías espirituales.
Impulsada por un anhelo de mayor perfección y aconsejada por un religioso franciscano, se embarcó en Junio de 1869 para Lima, Perú, y vivió como seglar interna en el convento dominicano del Patrocinio. El Señor le favorecía con dones extraordinarios y le mostraba cuán aceptada le era su vida.
A fines de Septiembre de 1869 se le presentaron unas fiebres, poco pudieron hacer los remedios médicos. Al finalizar la jornada del día se despidió de las hermanas porque iba a realizar un viaje muy largo, todas lo tomaron a broma. Pero al poco rato, una de ellas, la encargada de bendecir las habitaciones, advirtió un resplandor y una fragancia especial en la suya. Acudió la comunidad y comprobaron que había muerto, contaba con 37 años de edad.
En su cadáver se advirtieron, durante largo tiempo, signos de flexibilidad y fragancia y ante él se obraron múltiples gracias. Lima la aclamó como santa y lo mismo lo hicieron las gentes de Guayaquil y Nobol. Las hermanas del Patrocinio guardaron memoria de sus virtudes y custodiaron con suma veneración el sepulcro, hasta que su cuerpo, prácticamente incorrupto, se trasladó a Guayaquil en 1955.
Tomado del Vaticano



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